Vecinos

Recuerdo pasear por aquella calle aún sin nombre.

No me llamaban la atención las casas, tampoco los adoquines,

ni si quiera me llamaban la atención los coches que en ella aparcaban.

Lo que me llamó la atención fue verle regar el jardín,

no entendí por qué pero regaba las flores muertas.

Solo regaba las flores muertas.

Solo.

Y no fue hasta este entonces que ignoré haber sido yo la vecina de enfrente,

la que ignoraba las flores vivas,

la que regaba la tierra muerta.

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